LA TROPA 69CILLEROS · SIERRA DE GATAEL ARCHIVO TROPERO

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LA TROPA 69 / CILLEROS

El castizo desorientado

Grandes relatos cilleranos · Archivo original

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"Ocurren a veces algunos sucesos a los que difícilmente podemos dar una explicación coherente o verlos desde un punto de vista donde prevalezca la lógica.

Y quizás uno de los casos más curiosos con los que me he topado en mi ya dilatada carrera sea la de un joven extremeño el cual perdió, por un período de media hora, el sentido de la orientación de una manera contundente y abrumadora. Éste es el caso que a continuación les expongo, relatado, palabra por palabra, por el mismo afectado"

Richard Estévez Villalba
Agente especial del Gromenagüer High Society

Fue en un mes de agosto, caluroso como no se recordaba en la zona durante muchos años; yo, C.A.A.R.P.J. y dos buenos amigos; A.M.C.R.P.N. e I.G.P.M.E.A.B., nos dirigíamos a pasar el sábado noche, sin fiebre ni ná, a la localidad vecina de Vegaviana, un pueblecito de colonos rodeado de eternos regadíos que dan trabajo a todo el pueblo y parte del mío. Como ninguno de mis compañeros ni yo mismo disponíamos de permiso de conducir, licencia de ciclomotores, ciclomotores sin licencia, bicicleta, triciclo, patines o cualquier otro medio de transporte, debíamos bajar con el dedo que nos salía más barato que contratar los servicios de algún taxista.

Nuestra imagen de heavies de mediados de los ochenta no ayudaba mucho a los ojos de los desconfiados conductores, los cuales ni siquiera se dignaban a mirarnos, no fuese a ser que nos quedáramos con sus caras y en un arrebato de locura adolescente tirando pa los veinte, les quemásemos el coche o incluso la casa, violásemos a sus virginales hijas y empalásemos a sus perros.

Debían ser sobre las cinco o las nueve de la tarde-noche, los grillos, demoníacos inventos de Dios, no cesaban su canto ni escuchando nuestras maldiciones y juramentos prometiendo bíblicas plagas que acabaran con todos ellos.

Cuando la desazón y el desánimo de los que se saben fracasados, absurdos e incomprendidos se abatía sobre nosotros, almas cándidas al amparo de la estival noche; un coche, no recuerdo ni el modelo ni el conductor, paró a pocos metros de nosotros. Creo que pensé: "¡Loado sea Dios Todopoderoso y Omnipotente que guía nuestros pasos por los senderos de la luz desde su trono celestial al lado del Arcángel San Miguel!", o tal vez, simplemente, me cagué en Dios por la tardanza con la que había acudido en nuestra ayuda.

El trayecto hasta Vegaviana, unos 14 km., transcurrió sin demasiada transcendencia: algunos comentarios sobre las altas temperaturas, sobre el estado del asfaltado de la carretera, el nivel de desempleados en Polonia, los continuos desafíos de Gadafi a George Bush..., en fin trivialidades propias de gentes sencillas.

Recuerdo con cierta dificultad lo que sucedió una vez llegamos al pueblo: bares por aquí, bares por allá (hasta un total de cuatro), litros de cerveza por aquí, litros de calimocho por allá (un total de ... indefinidos). Seguramente la cerveza barata y el calimocho de baja calidad tuvieron mucho que ver con los acontecimientos venideros.

De esta guisa, calculo yo, que estuvimos hasta las dos o las cinco de la madrugada, cuando decidimos que, en vista del escaso éxito obtenido con el sexo opuesto, lo mejor sería poner pies en polvorosa a nuestro maternal Cilleros. ¡!Pero... oh, coño!! ¿Dinero para taxis? No, ¿algún conocido al que pedir ayuda? No, ¿hacer dedo? Muy chungo. Total que habría que ir andando y eso fue lo que hicimos.

Recorrimos los primeros 4 km. hasta empalmar con la carretera principal entre bromas, eructos y quizá alguna ventosidad, pero inodora por supuesto.

Una vez llegamos a la carretera principal "Moraleja-Cilleros" y recorrimos unos metros más, decidimos, abatidos por el cansancio, que sería oportuno y correcto sentarnos o, inclusive, tumbarnos en la cuneta.

Yo rápidamente quedé traspuesto, adormecido, atontado, agilipollado, de tal manera que cuando A.M.C.R.P.N. e I.G.P.M.E.A.B. me devolvieron a la cruda realidad de los pies doloridos y la cabeza embotada yo ya no era el mismo. No sé qué pudo ser: una puerta interdimensional, un campo gravitatorio antimateria, un agujero negro engullidor de ilusos jóvenes o quizás una fuerza desconocida y alienígena que cambió mi sentido de la orientación confundiendo norte con sur, este con oeste y Yola Berrocal con Claudia Schiffer. No lo sé, pero aquella fatídica noche pude haber desaparecido para siempre en los campos de maíz y girasol.

Me levanté y comencé a caminar con dirección a Moraleja, o sea, el sentido opuesto a Cilleros.

Mis buenos amigos A.M.C.R.P.N. e I.G.P.M.E.A.B. intentaban corregir mi rumbo y abrirme los ojos, pero yo estaba cegado con el sur cuando era el norte mi destino.

A.M.C.R.P.N. e I.G.P.M.E.A.B. hicieron todo lo posible por llevarme con ellos pero yo seguía encabronado con mi decisión y les gritaba: "¿A mí me vais a decir vosotros, guiris de mierda, por dónde se va a mi pueblu? ¡yo, que llevo 22 años viviendo en él y transitando por esta carretera!, ¡Seguid, seguid por ese lado y llegareis a Moraleja, pardillos, bastardos, renegaos!".

¡¡Cuán equivocado estaba yo!!

Cuando ya hacía un rato que había dejado de ver a mis compañeros, un vehículo en dirección a Cilleros se me acercaba. Aunque yo no consideré oportuno hacerle dedo porque creí que iba a Moraleja ¡qué cosas!. El caso es que el buen hombre me conoció y se paró:

- ¿Adónde vas?- me preguntó.

- A Cilleros- le respondí yo iluso de mí.

- Pues vas como el culo chaval, anda, sube que te llevo al pueblo- fue su contundente respuesta.

Y poco más que contar. Ahí me di cuenta de que era yo el que estaba equivocado y no mis fieles y leales amigos (aunque me habían dejado abandonado).

Al pasar a la altura de los otros le pedí al conductor que se parara y así todos juntos llegamos sanos y salvos una vez más a madre Cilleros.

Nada más, sólo aclarar que C.A.A.R.P.J. ES Gusto (o sea yo), A.M.C.R.P.N. es Angeloso e I.G.P.M.E.A.B. es Íñigo. Tres afamados troperos.

Gusto